Los primeros dientes de los niños tienen una tonalidad blanca y resplandeciente que suele ser muy agradable a la vista. A medida que se produce el cambio de la dentadura se empieza a apreciar una tonalidad distinta que es completamente normal.
No obstante, resulta necesario estar atentos cuando notamos manchas pronunciadas o un color amarillento que denotan la presencia de un problema mayor. Continúa leyendo para descubrir cuáles podrían ser las causas de esta situación y qué podemos hacer para prevenirlas o tratarlas.
Para empezar, es necesario tener en cuenta que la dentición temporal está compuesta por una capa fina de esmalte y dentina. Por este motivo es más blanca. En contraste, las piezas permanentes tienen una composición distinta cuya tonalidad podría aproximarse más al color marfil.
Ahora bien, una vez que terminan de salir los dientes definitivos muchos padres observan con preocupación que la tonalidad de los mismos se vuelve muy amarilla.
La razón principal de dicho cambio casi siempre tiene que ver con la incorrecta higiene bucal. El cepillado deficiente o nulo provoca la aparición de la placa bacteriana que se aprecia de color amarillo. Sin embargo, otras razones menos frecuentes guardan relación con:
La prevención es un factor clave para evitar que los dientes de nuestros niños adquieran esa desagradable tonalidad amarilla. Para reforzar la salud dental necesitamos:
En cuanto a los tratamientos, solo deben ser aplicados después que se haya llevado a cabo una evaluación médica personalizada. Cada caso es diferente y merece un trato especial.
El blanqueamiento dental es una opción interesante pero no recomendada para los más pequeños dado que dicha práctica suele ser un poco agresiva. Otra alternativa podría ser utilizar pastas blanqueadoras especiales, todo esto previa autorización del especialista dental.
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