Hablar, comer, sonreír… Acciones cotidianas que, para muchos, son totalmente normales. Pero, ¿y si cada vez que lo haces, sientes como si te hubieras quemado la lengua con café hirviendo, aunque no hayas probado nada caliente? Ese es el día a día de quien sufre el síndrome de boca ardiente, una afección aún poco reconocida pero cada vez más común en clínicas dentales.
Vamos a desentrañar qué es exactamente, por qué ocurre y cómo se puede tratar, con una mirada cercana, clínica y orientada a soluciones reales.
El síndrome de boca ardiente (SBA o BMS por sus siglas en inglés) es una sensación de quemazón crónica en la boca sin causa aparente. A menudo afecta a la lengua, el paladar, los labios o las encías, y puede durar meses o incluso años.
Aunque puede afectar a cualquier persona, existen algunos perfiles más propensos a padecerlo.
Aquí está el gran reto. En la mayoría de los casos, el origen del SBA es desconocido. Sin embargo, los especialistas lo dividen en dos grandes tipos:
No hay causas físicas identificables. Se relaciona con alteraciones en los nervios sensoriales orales o con cambios hormonales y neurológicos. El dolor es real, aunque no haya daño visible.
Se debe a factores identificables. Algunos de los más comunes:
Especialmente asociadas a la menopausia, donde bajan los niveles de estrógeno y se altera la percepción sensorial.
Carencias de hierro, zinc, vitamina B12 o ácido fólico pueden generar inflamación o sensibilidad oral.
Desde pastas dentales con laurilsulfato hasta prótesis de metal mal ajustadas pueden desencadenar síntomas.
Una infección leve por hongos, a veces imperceptible, puede producir ardor constante.
Antidepresivos, antihipertensivos y diuréticos suelen alterar la salivación o el gusto.
El dolor no siempre aparece de golpe. A menudo se va intensificando lentamente hasta hacerse crónico.
Aquí entra en juego el rol del odontólogo clínico. Aunque no hay una prueba específica, el diagnóstico se basa en excluir otras patologías.
El tratamiento del SBA puede ser complejo, ya que debe adaptarse a la causa subyacente. No hay una “cura única”, pero sí muchas estrategias que ayudan a mejorar el bienestar del paciente.
No necesariamente. En algunos pacientes, el síndrome mejora o desaparece con tratamiento. En otros, los síntomas se controlan con el tiempo, aunque pueden reaparecer en épocas de estrés o descompensación hormonal.
Aunque no hay cura mágica, los siguientes tips pueden mejorar el día a día de quien lo sufre:
Beber sorbos de agua regularmente alivia la sensación de sequedad y calma el ardor.
Reduce el consumo de alcohol, café, picantes y alimentos ácidos. También conviene evitar enjuagues con alcohol o mentol.
Opta por pastas sin laurilsulfato y cepillos de cerdas ultra suaves. También puedes probar con enjuagues calmantes con aloe vera o camomila.
La tensión emocional agrava los síntomas. Mindfulness, respiración diafragmática o yoga pueden ayudarte.
El seguimiento clínico permite ajustar el tratamiento y evitar que el síndrome avance o se cronifique.
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