Pasan los días y ese hueco donde te sacaron la muela no deja de doler. No es un dolor leve ni puntual: es un dolor profundo, punzante, que se irradia hacia la oreja o la cabeza, como si algo estuviera mal. Pero al mirarte al espejo no ves pus, ni inflamación evidente. ¿Qué está ocurriendo? Lo más probable es que estés ante una alveolitis seca, una complicación muy frecuente —y muy infravalorada— tras una extracción dental, especialmente en las muelas del juicio inferiores.
Este artículo va más allá de lo superficial. Vamos a desgranar qué es la alveolitis seca, por qué ocurre, cómo detectarla a tiempo y, sobre todo, qué puedes hacer para aliviarla antes de que se convierta en un problema más serio.
La alveolitis seca, también conocida como osteítis alveolar, es una complicación postoperatoria que aparece cuando el coágulo de sangre que se forma tras una extracción dental se pierde total o parcialmente. Este coágulo es vital porque protege el hueso y los nervios expuestos en el alveolo (el hueco donde estaba el diente). Sin él, el hueso queda al descubierto y el proceso de cicatrización se interrumpe, provocando un dolor agudo y constante.
Normalmente, cuando se extrae un diente, el cuerpo reacciona formando un coágulo que sella la herida y permite la regeneración del tejido óseo y gingival. Pero en algunos casos, ese coágulo no se forma bien, se desintegra o se desprende prematuramente. Las causas pueden ser múltiples, pero hay factores muy comunes que lo favorecen:
La alveolitis seca afecta con más frecuencia a mujeres (sobre todo si están tomando anticonceptivos orales), fumadores habituales y pacientes que han tenido extracciones quirúrgicas complicadas. También es más común en extracciones de muelas del juicio inferiores, debido a la densidad ósea y la dificultad del acceso quirúrgico.
A diferencia del dolor postoperatorio normal, que suele mejorar con analgésicos y disminuye con los días, la alveolitis seca se manifiesta como un dolor constante, punzante y profundo que aparece entre el segundo y cuarto día tras la extracción. Este dolor no mejora con ibuprofeno ni paracetamol convencionales, y se intensifica al hablar, masticar o simplemente al respirar aire frío por la boca.
En muchos casos, el dolor se irradia hacia el oído, el ojo o la cabeza del mismo lado. Incluso puede despertar al paciente por la noche debido a su intensidad.
Cuando no hay coágulo, el hueso queda directamente expuesto al entorno oral: saliva, bacterias, residuos alimentarios… todo eso entra en contacto con el hueso alveolar sin ningún tipo de protección. Eso no solo provoca inflamación y dolor, sino que también impide que el proceso de cicatrización comience correctamente.
Además, el hueso expuesto puede necrosarse parcialmente, lo que aumenta el riesgo de infecciones secundarias, halitosis y retraso en la regeneración del tejido blando.
El diagnóstico suele ser clínico, es decir, se basa en los síntomas y en la exploración visual del alveolo. El odontólogo comprobará si hay ausencia de coágulo, exposición del hueso y sensibilidad extrema al tocar la zona. En algunos casos puede solicitarse una radiografía periapical para descartar la presencia de fragmentos dentales o raíces residuales que también podrían causar dolor.
No se trata de una infección en sí misma, aunque en algunos casos puede evolucionar a una si no se trata correctamente. La diferencia con una infección bacteriana (como un absceso) es que la alveolitis no suele presentar hinchazón externa, fiebre ni pus visible.
El tratamiento de la alveolitis seca no implica antibióticos en la mayoría de los casos, salvo que haya signos claros de infección secundaria. Lo fundamental es limpiar bien la zona, aliviar el dolor y promover una nueva coagulación controlada.
El protocolo más habitual incluye:
Si el dolor es muy intenso, persistente y no responde a los analgésicos comunes, no intentes automedicarte. Acude al odontólogo cuanto antes. Mientras tanto, puedes tomar algunas precauciones:
El dolor puede durar de 5 a 14 días, dependiendo de la respuesta del organismo y de si se aplica un tratamiento correcto desde el inicio. Cuanto antes se atienda, más rápido será el alivio. La mayoría de los pacientes experimentan una mejora significativa en las primeras 48 horas tras el tratamiento profesional.
Sin embargo, si se retrasa la atención o el paciente no sigue las indicaciones, el dolor puede cronificarse y la cicatrización puede tardar semanas.
La buena noticia es que la alveolitis se puede prevenir en la mayoría de los casos si se siguen unas pautas claras después de la extracción dental:
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